Capítulo 1
— Nieve, quédate conmigo. He esperado mucho tiempo a que terminara el maldito instituto para que pudieras tomarme en serio. ¡Tu novio es tan predecible como un tablón de anuncios! Es un idiota que sueña con tirarse a cualquiera por ahí porque le da miedo tocarte.
— ¡Eso no es verdad!
— ¡Es la verdad! ¡Si no, estaría aquí ahora mismo!
— ¿Y tú, entonces, no tienes miedo?
— Yo no. Yo no solo sueño con tocarte, sino con amarte.
— Cállate, por favor.
— ¿Entonces me vas a besar?
— ¡Claro que no!
Ruslán hace una mueca. Es guapo y arrogante incluso antes de cumplir los dieciocho.
Y tiene mucha más experiencia que yo, aunque jamás lo admitiría.
Sujetando mis mejillas con las manos, se presiona contra mis labios e intenta besarme, pero no tiene experiencia en que lo rechacen y el beso resulta torpe y doloroso.
— Joder, sé hacerlo mejor, de verdad.
— Vete.
— Alicia…
— ¡Vete al cuerno, Mardzhánov! Casi me rompes un diente. ¡Vuelve con tus amiguitas y practica con ellas!
— ¡Dará igual, vas a estar conmigo!
Casi me río de rabia mientras me limpio con la mano el labio que me ha mordido.
— ¿Contigo? ¿Cuánto tiempo? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Cuánto sueles durar con las chicas?... ¿Hasta que satisfaces tu curiosidad? ¿O hasta que les demuestras a tus amigos lo guay que eres?
— Nada de eso.
— ¡Mientes! Hace mucho que dejé de creer en esos cuentos.
— Vale. Hasta que consiga lo que necesito, ¿contenta?
Me voy enfriando; sus ojos de tinta brillan, pero esta batalla no llevará a ninguna parte. Esta vez logro empujar al chico y apartarme de la puerta.
— Bueno, al menos eres sincero. Ahora vete, Ruslán, y sácame de tu cabeza. O me iré de aquí y solo volveré cuando hayas crecido. Cuando hayas crecido de verdad y dejes de jugar conmigo.
Nota de la autora
El nombre completo de la protagonista es Alicia Snezhnaya. Su apellido proviene de la palabra «sneg», que significa «nieve», y refleja su carácter frágil y, a primera vista, frío.
En español existe un equivalente de este apellido: «Nieves».
Por ello, cuando Ruslán la llama «Nieve», no está usando un apodo cualquiera; es una forma íntima de dirigirse a ella, nacida de su propio nombre.