Peatükk 1
Capítulo 1
Nota de la autora
El nombre completo de la protagonista es Alicia Snezhnaya. Su apellido proviene de la palabra «sneg», que significa «nieve», y refleja su carácter frágil y, a primera vista, frío.
En español existe un equivalente de este apellido: «Nieves».
Por ello, cuando Ruslán la llama «Nieve», no está usando un apodo cualquiera; es una forma íntima de dirigirse a ella, nacida de su propio nombre.
Capítulo 1
— Te quiero.
— Ruslán, estás borracho.
— ¿Y qué? Eso no cambia nada, Nieve. Te quiero.
— Tengo un nombre, no ese apodo estúpido. Y tú tienes un minuto para salir de mi habitación. Por favor, esta no es mi fiesta y quiero estar sola. Tengo que estudiar.
— ¡Eres tan cuadriculada, como un dichoso manual de estudio! ¡Lo que necesitas es vivir!
— ¡Y tú sigues siendo el mismo crío malcriado y egoísta que está acostumbrado a tener todo lo que quiere! No sé ni por qué me molesto en hablar contigo.
— ¡Tu vida entera se basa en malditas reglas! ¿No te cansas?
— No. ¡Mis reglas son asunto mío! Al menos yo sé lo que digo y a quién se lo digo.
— ¿Crees que miento?
— Creo que estás jugando. Te diviertes. Te gusta tratar a las personas como si fueran juguetes. Acorralarlas y observar qué pasa después. Como ves, yo también te conozco bien.
— Pero contigo no. Tú no eres un juguete para mí.
— ¡Basta, Ruslán! Conmigo también. Hace una hora estabas en la habitación de al lado, sentado en el sofá y besándote con una chica. Y se notaba que te gustaba lo que hacías. Así que, ¿qué haces aquí? Yo no te he invitado.
— ¿Así que te diste cuenta? ¿Y qué? Ella no significaba nada, solo quería ponerte celosa.
— ¿Ponerme celosa?... Mira, Mardzhánov, resultas ser aún más retorcido de lo que pensaba. No tengo tiempo para tus juegos infantiles y estoy harta de oír esa estúpida excusa de «¿y qué?». ¡No tengo tiempo para enfadarme, ¿entiendes?! ¡Ni para perderlo contigo!
— Nieve, ¿por qué ha salido huyendo tu novio? Al otro lado de esa puerta hay cinco idiotas en celo y él ha metido el rabo entre las piernas y se ha largado, dejándote sola. ¿Se ha acobardado?
— En primer lugar, uno de esos cinco «idiotas», como bien dices, es mi hermano. En segundo lugar, habéis montado la fiesta en nuestra casa y no puedo irme. Y en tercer lugar, mi novio entiende perfectamente, a diferencia de Romka y de ti, que tengo que estudiar y que ya es tarde.
— ¡No te engañes! ¡Te ha dejado tirada!
Me levanté de la mesa y me quedé en medio de mi pequeña habitación, frotándome el brazo desnudo cerca del codo. Creo que estoy furiosa, porque estoy harta de discutir con este chico insolente. El mismo que ayer era un adolescente torpe, pero que en los últimos dos años ha pegado el estirón y ha ensanchado de hombros. De repente, me saca casi una cabeza.
Antes me resultaba más fácil ignorar su atención caprichosa, y mi propio dormitorio no me parecía tan estrecho. Entonces, ¿por qué hoy me cuesta tanto hablar con él?
— Aunque fuera así, ¿a ti qué te importa?
— Ya lo sabes.
— ¡Qué cabezota eres!
— ¡Es lo que hay! ¡Déjalo, Nieve, y estaremos juntos!
No sé si llorar o reír mientras miro esos ojos negros como arándanos, casi tinta, del mejor amigo de mi hermano. Unos ojos inesperadamente furiosos y decididos. Pertenecen a un chico inteligente, no se puede negar, pero que no está nada acostumbrado a recibir un «no» por respuesta.
— Ruslán… —exhalo, intentando calmarme para responder con normalidad, pero la música suena tan fuerte tras la puerta que tengo que alzar la voz—: Por favor. No bromeo, me queda una semana de parciales y luego los exámenes de la universidad. Tengo que prepararme si quiero terminar bien el año. Y quiero hacerlo. Debo…
— ¡Ese «debo» tuyo es un aburrimiento mortal, Nieve! ¡Igual que tu novio!
¡Es imposible! Pocas personas consiguen sacarme de mis casillas, ¡pero Ruslán lo logra constantemente!
Es increíble cómo ese niño insoportable que no me dejaba en paz en el colegio se ha transformado en un amante apasionado. ¡Ja! ¡Por supuesto que vuelvo a estar furiosa!
— Sí, un aburrimiento —respondo, enfadada—. ¡Igual que yo! Porque yo no tengo una madre jueza con los contactos adecuados ni un padre director a mi entera disposición. ¡Y no soy el único hijo mimado de la familia! ¡No tengo a nadie! Y sí, ¡tengo que pensar en cómo vivir mañana! Imagínate, soy consciente de que los padres de Romka no pueden cuidar de mí toda la vida. ¡Y me esfuerzo por ellos también! Y no, no me avergüenza ser así de aburrida, ¿te enteras, Mardzhánov? ¡Ni un poco!
— Yo nunca he dicho que fueras aburrida.
— ¡Es exactamente lo que acabas de decir! Seguro que en tu grupo hay chicas más interesantes y atractivas que yo. ¿Qué se te ha perdido en mi cuarto?
— Ellas no son tú. Y nunca lo serán.
— ¡Son mejores! Pues vuelve con ellas y con tus besos —yo también puedo ser terca—. Y yo tengo que estudiar.
Me recojo el pelo y me doy la vuelta para regresar a mi pequeño escritorio. Sobre él están esparcidos mis apuntes y las hojas con los test de práctica; me quedan varias horas de estudio, pero de repente Ruslán me detiene. Da un paso tras de mí y me atrapa el antebrazo desnudo con su mano firme.
Hace tiempo que me resigné a los amigos y las fiestas de mi hermano menor, y estoy preparada para casi todo. Estoy lista para aguantar estas fiestas con los auriculares puestos y encerrada en mi cuarto. Lista para ignorar a las parejas besándose por las esquinas y las miradas de interés de los amigos de Romka. Pero no estoy preparada para que el toque de Ruslán me queme la piel y me haga estremecer al girarme.
— Alicia…
— ¿Qué estás haciendo?...
En un segundo, ambos quedamos pegados contra la puerta que hace un momento el chico bloqueaba con su cuerpo. ¿Cuándo ha llegado a ser tan fuerte y… tan atrevido?
Aunque de esto último nunca ha carecido.
— Bésame, Nieve.
— ¿Te… te has vuelto loco? —clavo mis propios dedos en sus hombros firmes, sintiendo de pronto el aliento cálido de Ruslán sobre mis labios—. Suéltame.
Huele a alcohol y a tabaco. No demasiado, pero lo suficiente para que se sienta capaz de ir a por todas. Deslizando una mano por mi espalda, se inclina hacia mi oído:
— No te soltaré hasta que me respondas. ¡Me da igual!
— ¿Qué quieres saber?
— Pregúntame qué estaría haciendo ahora mismo si fueras mi novia.
Se pega más a mí y me lo exige, rozando mis caderas con las suyas:
— ¡Pregúntalo, Nieve!
— ¿Qué… qué harías?
El calor del pecho de Ruslán me abrasa, y sus labios rozan mi mejilla con tal ternura y suavidad que me pierdo literalmente, sin entender qué está pasando.
— Cerraríamos esta maldita puerta con llave y estarías sentada desnuda sobre mis muslos ahora mismo. Y mi lengua estaría tan profundo dentro de ti como mi...
Dios mío. Casi me quedo sin aire.
— ¡Cállate! — Sus palabras me devuelven a la realidad al instante y lo empujo lejos de mí—. ¡No quiero oír eso!
— ¡Pero es la verdad, Alicia! —Se acerca de nuevo y me mira con obstinación. Sus ojos oscuros brillan, no sé si por la bebida o por nuestra cercanía—. ¡Y tú lo sabes!
La palma de Ruslán se posa en mi mejilla y sus labios se acercan. Logro quitármela de encima con dificultad, deslizándome por la puerta hacia un lado.
— Loco, para —le ruego—. ¡Eres más joven que yo!
— ¿Y qué? —(¡Cómo no! ¿Su pregunta-excusa favorita?)—. Solo por un año. Incluso menos, si contamos los días.
— ¡Eres prácticamente un escolar!
— Desde hace una semana, ya no.
— Tú…
Pero Ruslán me rodea con sus brazos y ya no puedo zafarme.
— Nieve, quédate conmigo. He esperado mucho tiempo a que terminara el maldito instituto para que pudieras tomarme en serio. ¡Tu novio es tan predecible como un tablón de anuncios! Es un idiota que sueña con tirarse a cualquiera por ahí porque le da miedo tocarte.
— ¡Eso no es verdad!
— ¡Es la verdad! ¡Si no, estaría aquí ahora mismo!
— ¿Y tú, entonces, no tienes miedo?
— Yo no. Yo no solo sueño con tocarte, sino con amarte.
— Cállate, por favor.
— ¿Entonces me vas a besar?
— ¡Claro que no!
Ruslán hace una mueca. Es guapo y arrogante incluso antes de cumplir los dieciocho.
Y tiene mucha más experiencia que yo, aunque jamás lo admitiría.
Sujetando mis mejillas con las manos, se presiona contra mis labios e intenta besarme, pero no tiene experiencia en que lo rechacen y el beso resulta torpe y doloroso.
— Joder, sé hacerlo mejor, de verdad.
— Vete.
— Alicia…
— ¡Vete al cuerno, Mardzhánov! Casi me rompes un diente. ¡Vuelve con tus amiguitas y practica con ellas!
— ¡Dará igual, vas a estar conmigo!
Casi me río de rabia mientras me limpio con la mano el labio que me ha mordido.
— ¿Contigo? ¿Cuánto tiempo? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Cuánto sueles durar con las chicas?... ¿Hasta que satisfaces tu curiosidad? ¿O hasta que les demuestras a tus amigos lo guay que eres?
— Nada de eso.
— ¡Mientes! Hace mucho que dejé de creer en esos cuentos.
— Vale. Hasta que consiga lo que necesito, ¿contenta?
Me voy enfriando; sus ojos de tinta brillan, pero esta batalla no llevará a ninguna parte. Esta vez logro empujar al chico y apartarme de la puerta.
— Bueno, al menos eres sincero. Ahora vete, Ruslán, y sácame de tu cabeza. O me iré de aquí y solo volveré cuando hayas crecido. Cuando hayas crecido de verdad y dejes de jugar conmigo.
Olete just lõpetanud teose viimase osa lugemise.
Milliseid emotsioone see teis tekitas?
Jagage oma muljeid kommentaarides – see on autorile oluline ja aitab teistel lugejatel seda lugu avastada.
Lugu jätkub ✨
Autor töötab edasi uute peatükkide kallal.
Salvestage teos oma kogusse ja tellige autor, et saada uuendused esimesena.